martes, 1 de mayo de 2012

La vida, un misterio que nunca cesa

2
Se crea a cada instante, en cada rincón, a cada millonésima parte de cada millonésima de segundo y lo que es más: evoluciona al paso del tiempo, como un sinfín de preguntas aún por contestar, como un sinfín de respuestas que aún no han visto la luz imposibles de escribir en libros… Sí, la vida no cesa y con ella se renueva toda esperanza desde que cada mañana se ve amanecer… Es algo que le hace particularmente bella, como si eso si fuera todo…

Formar parte de esta magia me pone los pelos de punta. Porque somos el sustento inimaginable de ese misterioso testimonio, un sustento del que no somos aún plenamente conscientes: disfrutarla, riéndola, cantándola, amándola, compartiéndola, saboreándola y engordar de felicidad... Porque son las cosas que habitualmente nos apetece hacer, las que tú y yo solemos hacer, pese a quien le pese, pase lo que pase.

Realmente, no importa nada más. Lo real es esto mismo, sin ataduras con el pasado o el futuro, lo es desde el mismo momento en que voy escribiéndolo y una sonrisa pícara refleja en tu rostro que ninguna pena o dolor son lo suficientemente grandes como para olvidar que un día llegaste a este mundo para recibir el mismo calor del sol que el resto de la humanidad, llegaste para ser alguien especial, porque tod@s lo somos, cada uno a su manera, cada uno dando paso de gigantes en este mundo que gira a tu favor las 24 horas del día!

Por eso y más, has de saber que debes caminar, levantarte si caes, y aprender a correr, y volver a levantarte si caes de nuevo; aprender a saltar, a abrazar y disponerte a recibir enormes cantidades de energía positiva fluyendo por tus venas asentando la persona fantástica que, desde hoy si quieres, acaba de nacer.

lunes, 6 de junio de 2011

Las estrellas no saben pedirte que rías por ellas

El año 2005, con o sin rima, no solamente fue uno de los años más calurosos registrados hasta la fecha, también fue el año en el que decidí dejar mis historias a un lado y hacer algo con mi vida que me permitiera, al menos, descansar de los continuos ataques de autoestima que constantemente acechaban mi carácter. Era asfixiante, en cierto modo, vivir con tantos prejuicios, tantos miedos y cavilaciones; estaba fuera de lo normal preferir estar serio a intentar esbozar una sonrisa. Deprimente. Incluso delirante. No había ninguna actitud positiva a ello. El mundo se había conjurado para hacerme la vida imposible y como contrapartida, yo cargaba mi mal humor en el mundo, en la gente que tenía más cerca, en mis amigos, en mi familia, hasta que la situación se hacía insostenible en numerosas ocasiones. Resumiendo: si por aquel entonces se hubiera patentado un amargurímetro (aparato para medir la amargura de un individuo), seguro que hubiera registrado uno de los niveles más altos.

Por ello, me receté a mí mismo cambiar, hacer algo, porque no hay que negar que algo de inteligencia tenía, pese a todo. El caso era saber cómo hacerlo. Proponerse a sí mismo dar un giro a su vida suena muy bonito, pero es peor que seguir una dieta continua para concluir con éxito la 'operación bikini'. Dar una vuelta de tuerca a tu vida suponía enfrentarse a uno mismo, a dejar el estado de comodidad dentro de lo malo y ser conscientes de la verdadera situación en la que me encontraba. Y bien hay que saber, niños y niñas, señores y señoras, que ahí estaba realmente lo desconcertante del asunto. Es como ir a un centro comercial nuevo y tratar de buscar las escaleras automáticas para subir a la planta de ropa y encontrar luego las de bajada. Lo dicho: desconcertante.

Me pasaba las noches mirando las estrellas, las observaba, y cada vez me daba más cuenta que para ellas todos éramos puntitos minúsculos que iban de aquí para allá y que a veces nos convertirnos en pequeñas manchas al reunirnos en conciertos, manifestaciones o simplemente siguiendo una rua de carnaval disfrazados de Bob Esponja. A ojos de las estrellas, todos éramos simpáticos puntitos infinitesimales que se movían frenéticamente, cada uno con vida propia, como furbys torpes que a miles de años luz de distancia les hacía reír. Esto, no obstante, fue revelador para mí. Y lo fue porque me provocó una ligera sonrisa. Estaba bromeando con mi propia existencia y por si fuera poco, estaba disfrutando con ello.

A los pocos días, un amigo me comentó que se hacía un taller de Risoterapia en un centro cívico cercano. Lo vi como una posibilidad vergonzosa, ya que alguien tan risueño como yo había perdido sin duda la sonrisa y la confianza, pero me imaginé que mi vida tendría más sentido al encontrarme con otros puntos minúsculos quizás similares a mí. 'Será un puntazo', me dije. Y claro, volví a sonreír.

Eso ya nos convertía en la formación de otra pequeña manchita llena de puntitos en su mayoría melancólicos que, paradójicamente, iba a hacer reír hasta la estrella más lejana...

martes, 7 de diciembre de 2010

Tweets falsos aunque humorísticamente ciertos (I)


Localizan en la antártida la momia de un hombre prehistórico en posición de cagar
(los científicos no saben si estaba estreñido)